Recorres el mismo camino de siempre. Siempre la escenica avenida, que es un boulevard. Lo conoces tanto que evitas que cruja la carrocería donde está dañada. Tomas las curvas con la familiaridad de un conductor de carreras, y miras el pasto crecido. Evitas unos conos rojos, y te das cuenta que están renovando la pintura amarilla en el camellón central. Luego te molestas por que puntarán las márcas de kilometraje que usas cuando tomas el mismo camino en la bicicleta. Luego recuerdas que la bicicleta está aún sin un pedal. Los árboles se mecen al viento, y sabes que la primavera se acerca, así como la universidad, tomas la glorieta y luego subes hacia la ciudad, evitando la escuela. Por un momento piensas, porque no terminaste tu carrera, o porque no tienes interés es la escuela en que tantos años estuviste. Y vacilas, piensas que la escuela fue sólo un npretexto para buscar esposa, pero después de haber fallado varias veces, realmente no era necesario encontrarla ahí. Pero ahí es donde mayor probabilidad de encontrar las que usan lentes. Bueno fue en tu último trabajo donde encontrarste por medios muy improbables a esa chica, que realmente parecía ser la adecuada. Y la dejaste ir. Miras de nuevo el camino, y piensas que tan lejos estará de ahí donde estas. LLegas a una intersección, y miras la camioneta frente a ti. Le dejas espacio cuando te das cuenta que aún tiene material de construcción resbalando por la cama. Evitas un roca de sascab, lo rebasas del lado derecho. Llegas a otra intersección, y giras tomas otra avenida, que en realidad está en sentido contrario al boulevard que tomaste. Pero que mas da. Llegas a tu trabajo, y lo estacionas bajo un árbol. Caminas hacia tu oficina y te detienes en la máquina de refrescos, compras una lata de jugo y llegas a tu oficina. Saludas a todos, en particular a las chicas. Llegas a tu computadora y escribes todo esto para evitar que lo olvides.
HvG
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